El contador de historias: Un anticipo

Hoy os dejo un anticipo de lo que será El contador de Historias. Ya queda menos y enseguida podré daros más información.

Este es el primer texto que hago público escrito por mí, espero que os guste. En cualquier caso, es un relato corto que ha sido recientemente publicado en la revista Culdbura, una revista digital de Burgos que habla sobre nuestra cultura. También han creado la Burgospedia, una recopilación de datos sobre Burgos en la que todos podemos participar.

Vieja sabia

La casa rural resultaba agradable; los muros anchos aseguraban paz y tranquilidad, el escudo de armas, el musgo en las piedras, la puerta doble… Casi podía ver al señor de la casa a caballo y espada en mano dirigiéndose a una cruzada.

Yo estaba de paso, sólo había parado a comer y esa tarde llegaría a mi casa después de unos días de trabajo agotador. Era un poco temprano, así que decidí tomarme un verdejo en la sala de lectura mientras se hacía la hora de comer. La sala era sobria y fría pero muy luminosa, con unos estantes combados por el peso de los libros.

Al fondo de la estancia brillaba el fuego de una chimenea. Me acerqué hasta allí para descubrir que no estaba sólo. Una anciana descansaba en un butacón con la mirada perdida en las llamas. Me senté en el otro butacón, frente a ella, y con el verdejo en las manos le dí las buenas tardes. Alzó la cara. Unos ojos azules, que conocían el peso del mundo, me miraron, me desnudaron, diseccionaron mi alma y volvieron a juntar los cachitos de mi vida. Titubeé. Mis labios temblaron y la copa de verdejo casi se me cae al suelo. Ante mis gestos la anciana sonrió y el fuego se avivó por un segundo, la sala tomó calidez y los libros recobraron parte del brillo perdido. No recuerdo lo que me dijo, pero su voz, profunda y femenina aún, llenó la estancia como si fuesen las propias piedras y las maderas del suelo las que hablasen.

La historia de su vida era la historia del mundo, la eterna lucha contada a través de unos labios ligeramente carnosos y una lengua vivaz que articulaba los ecos de una savia vieja paseando por los recuerdos de aquella vieja sabia. Sus ojos no soltaban los míos, salvo algún momento en los que me permitían observar detalles como las ondas de una melena blanca y fuerte, una falda de paño marrón que cubría unas piernas cansadas de haber recorrido medio mundo acompañada del amor de su vida, el jersey de lana crudo o el chal en tonos ocres.

Me habló del árbol al que se subía de niña cuando se enfadaba con su hermana, de los abrazos de su madre cuando por las noches tenía aquellas pesadillas en las que se perdía en el hayedo que había detrás de la casa, de cómo la gustaba pasear del brazo de su marido y que todos les viesen y también de los hijos que nunca llegaron. Mientras me susurraba los secretos de su reciente soledad yo la comparaba con la mía, las historias de sus viajes eran el reflejo de mis proyectos y en el recuerdo del amor a su marido descubrí mis propios sueños.

En un momento dado sus manos cubrieron las mías. Eran unas manos firmes, sin los tembleques propios de su edad. Se acercó a mí para darme un abrazo y un aroma a canela y vainilla absorbió mi propio olor. No sé quién abrazó a quién, ni de quién partió el consuelo, ni a quién le llegó. Cuando abandonó la habitación me escocían los ojos, la copa de verdejo estaba vacía y yo, de alguna forma, lleno.

Durante el viaje de vuelta el móvil no dejó de sonar, mi vida me reclamaba de nuevo. Sin darme cuenta me habían dado las once de la noche y no había podido ni quitarme los zapatos. Me desnudé, me metí en la cama y así, a solas, con la luz apagada, cuando el mundo parecía que iba a volver a engullirme con su ritmo frenético, un olor a canela y vainilla pareció emanar de mis propias sábanas acunándome. Una sonrisa cruzó mi rostro y una sensación de paz me envolvió.

No había vuelto a tener esa sensación desde que abandoné el orfanato.

Próximamente, El Contador de Historias.

8 Replies to “El contador de historias: Un anticipo”

  1. Eso, sin duda, es amor… porque hay personas que, hagan lo que hagan, digan lo que digan, con una simple mirada, enamoran. Entre estas, algunas, no pierden ese aura en toda su vida; ella era -sin duda- esa clase de personas que dejan huella!!!

  2. Hola buenos días, no me conoces ,pero creo que yo te voy a conocer poco a poco, por tus relatos,que por cierto me ha encantado. Espero leer muy pronto otro relato tuvo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*