Sergio Ribote

Fotos vacías

Mi hermano es imbécil. Otra vez castigada por su culpa. Si no se hubiese chivado estaría camino de la mejor fiesta del año con mis amigas y no encerrada en mi cuarto. No entienden lo importante que era esta fiesta para mí. Bueno, aprovecharé para elegir las fotos del portafotos que me regaló la abuela.

En la de el medio de arriba pondré la de la camiseta con mi nombre: Ana. Me encanta como salgo. Sombrerito ochentero, camisa blanca, morritos a lo Pretty Woman y de fondo el cielo a juego con mis ojos. Es perfecta.

En la de arriba de la izquierda pondré la foto que tengo con mis amigas, la de las fiestas de Briviesca. Menudo desmadre. Ahí estamos las cinco mejores amigas del mundo. Ellas sí que me entienden. Aquella noche Azu dejó de ser virgen. Que suerte tuvo. Fue la primera del grupo. Teníamos quince años. Ya han pasado dos años, madre mía como vuela el tiempo.

Abajo a la derecha pondré la de el tío Fran. Va a hacer un año que murió en aquel accidente de coche. Nunca le olvidaré. Recuerdo cuando me llevaba al cine. Primero películas de Disney, la última fue Historias del Kronen. Decía que tenía que conocer las cosas para poder entenderlas. Ojalá estuviera aquí.

Abajo a la izquierda pondré una de mis favoritas. Hace un par de meses que fuimos a Tenerife a dar un concierto en verano. Era en la playa. Cuando terminamos teníamos tal sudada que nos fuimos corriendo a bañarnos. El mes pasado llegaron las fotos oficiales y entre ellas había una de mi “cello” apoyado en una palmera con el mar de fondo mientras caía la tarde entre barnices rojizos.

La quinta foto no existe. Me hubiese gustado poner la de mi bebé, pero no pudo ser. Fui la segunda del grupo en acostarme con un chico, pero nada salió como imaginaba. Todavía me despierto por las noches y recuerdo el paritorio y a mi madre a mi lado cogiéndome la mano. Yo quería tener al niño pero mis padres se negaron en rotundo. Jugué a ser mayor siendo una niña y perdí. No sé si algún día se lo perdonaré a mis padres, aunque en el fondo algo me dice que tenían razón. En lugar de esa foto pondré la que tengo de cuando yo era bebé.

En la que queda abajo voy a poner la que tengo de los abuelos. Aunque es una foto actual está en blanco y negro y le da un toque especial. Mi madre siempre dice que toda la vida se han mirado de una manera especial y que cuando ella sea mayor la gustaría que papá y ella se mirasen así. Supongo que a todas las mujeres nos gustaría que nos pasase eso. La verdad es que esa foto transmite más caricias y complicidad que la peli de Dirty Dancing.

En el hueco de la izquierda pondré la de las vacaciones de este año. Estamos toda la familia y fueron unos días muy especiales. Nunca nos juntamos todos, pero el año pasado hicieron el esfuerzo de juntarse cuatro días todos mis tíos, los primos, los abuelos y nosotros. Eramos cuarenta y dos. Tuvimos que coger varios apartamentos en la misma urbanización. Como lo pasamos. Todo el día juntos entre la playa y el chiringuito. Fue genial.

El día que dije en casa que estaba embarazada se hizo un silencio que hasta entonces no había existido. Lo rompió los sollozos de mi madre. Cuando les conté lo que había pasado mi hermano no dijo nada, se puso la cazadora y salió de casa. Todos pensamos que había ido a que le diese el aire. El día que me quedé embarazada mi hermano estaba en la misma fiesta. Me dijo que tuviese cuidado, que no le gustaba el chico con el que estaba, pero no le hice caso.

Al cabo de unas horas, cuando ya estábamos preocupándonos por él, llegó a casa. Tenía sangre seca en las manos y en la nariz, un moratón debajo del ojo izquierdo y la cazadora rasgada. Hasta aquel momento nunca me había dado cuenta de que siempre estaba a mi lado. En todas las fiestas, en las vacaciones, en casa… Era una sombra agradable, silenciosa y respetuosa a la que no había prestado atención.

Yo sabía que a la fiesta que iba a ir hoy también iba a ir Daniel, del que no he vuelto a saber nada desde el día del aborto. Mi hermano también lo sabía, por eso se lo dijo a mis padres. Yo quería demostrar a Daniel que estaba bien, que lo había superado y que me había perdido para siempre. Pero Toño, una vez más, sólo intentaba que no me hiciesen daño. El hueco del medio, es, sin duda, para él.

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